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miércoles, 2 de octubre de 2013

No dejaría nunca de ser educadora social porque...

No dejaría nunca de ser educadora social porque...
 
... a través de mi trabajo y mi formación aprendo a saber vivir, a ser y a convivir a través de la interacción con las personas para las que trabajo, a ser mejor persona, más humana. Es parte de mi crecimiento. El hecho de ser una de las profesiones más complicadas me lleva a no rendirme. Eso es algo que me motiva y no poco. Siempre hay algo nuevo que aprender.
 
... me gusta ayudar a las personas que no lo han tenido fácil y aunque algunas veces no lo consigo, otras, casi sin darme cuenta, he podio dibujar una sonrisa donde había una lágrima, lo que me aporta una gran  satisfacción.
 
... estoy comprometida con el cambio y la justicia social. Creo que la Educación Social es más necesaria que nunca.
 
... siento que es mi verdadera vocación por ser una profesión multidisciplinar donde caben diferentes ámbitos y engloba la totalidad de lo que significa el ser humano, como seres sociales que somos.
 
... aunque comencé tarde los estudios de Educación Social, mis anteriores ocupaciones implican igualmente vocación, relacionadas estas con la salud, la cooperación internacional y la ayuda al desarrollo social, que al mismo tiempo me han dado una experiencia relacionada con la interacción social transformadora.
 
  

Feliz día de la Educación Social!! :)



 

 

viernes, 14 de junio de 2013

El inicio de la Educación Social


La profesión del educador social surge en los centros de menores, antes llamados reformatorios. En un principio la profesión como tal no existía. Personas voluntarias comprometidas con lo social y con las personas, realizan labores de educación social, formando, animando, apoyando y ayudando a ciertos individuos y grupos a desarrollarse. Personas y colectivos que han tenido difícil su adaptación a la sociedad.

 
Aspecto exterior de un centro de reeducación de menores de régimen cerrado.

Con el avance de las reformas laborales también avanza la sociedad. Nace la llamada sociedad del bienestar. Se reducen las jornadas laborales, aumentan los sueldos, se impulsa la economía y disponemos de más tiempo libre, que todavía en esos tiempos de bonanza económica no sabemos disfrutar. No estábamos acostumbrados y todavía una gran mayoría de personas no habían salido de su ciudad. También toma un nuevo impulso el turismo.

En ese momento es cuando se profesionaliza la educación social. La universidad oferta la diplomatura de educación social en los años 90. Es una profesión joven. Hace ya tres años, con el inicio del plan Bolonia, se oferta el Grado en Educación Social en la UNED.  Nuevas asignaturas y con variadas actividades prácticas.

Todavía recuerdo a uno de los profesores cuando nos decía que dentro de unos años se necesitarían muchos educadores sociales. No le faltaba razón.

Por lo tanto, la Educación Social es muy joven y reciente como oferta universitaria, pero la figura del educador social cuenta con varios siglos y se inicia en los reformatorios, hoy en día llamados centros de reeducación de menores.

 

lunes, 10 de junio de 2013

Los niños salvajes

Otra película. Los Niños Salvajes. Una película que fotografía problemas típicos ligados a la educación. La escuela pública por una parte, con sus diferencias y sus deficiencias,  y por la otra las familias, tan ocupadas y tan distantes, a veces, de sus hijos adolescentes.
 
 
 
Con relación a la Educación Social, resaltar el papel de la orientadora del centro donde se desarrolla la acción, que al observar el talento de uno de los protagonistas, su buena intención no llega a tener los frutos esperados, al no contar con la total comprensión y apoyo por parte del profesorado.
 
Es una película que nos puede ayudar a ver los errores que podemos cometer con los chicos y chicas, padres, educadores y profesores. Recomiendo.
 
 
 

lunes, 4 de marzo de 2013

El doble desamparo de los menores de la DGAIA


El doble desamparo de los menores de la DGAIA

Según la Dirección General de Atención a la Infancia (DGAIA), un CRAE es un “servicio de acogida residencial, para la guarda y educación de sus usuarios y usuarias, donde residen temporalmente con la medida administrativa de acogida simple en institución” (https://bsf.gencat.cat/ccs/prestacio.do?Prestacio=1374). Es decir, los CRAEs son centros donde viven niños y niñas cuya tutela ha sido asumida por la administración debido a que en su núcleo familiar existía un riesgo para ellos/as o no se cubrían sus necesidades básicas. Una vez acogidos, ¿Cuáles son las condiciones de vida de estos/as niños/as?

Los Recortes y las diferencias en la vida cotidiana en los centros:

En primer lugar habría que destacar que, aunque debieran, las condiciones de vida de los menores tutelados no son siempre las mismas. En el momento en que la administración asume la tutela, ese/a niño/a es derivado a un CRAE determinado, y las notables diferencias entre unos centros y otros, y en consecuencia en la calidad de la atención a ese/a niño/a, marcarán sus condiciones de vida mientras dure su internamiento. Esta especie de “lotería” que decide los medios de que dispondrán en su vida cotidiana se aprecia con claridad en la diferencia de recursos existentes entre los centros propios (de gestión pública) y los concertados y de gestión delegada (aquellos cuyas instalaciones son propiedad de la Generalitat pero la gestión ha sido subcontratada a una empresa externa). Los primeros disponen de muchos más recursos económicos, lo que se traduce en plantillas más amplias, sobre todo en el personal de servicios (cocina, chóferes, limpieza, lavandería…) y en que las bajas laborales se cubren con rapidez. La atención a los niños y niñas es por tanto más constante y de mayor calidad. Existe una notable diferencia además en la disponibilidad de actividades extraescolares y de ocio, en la seguridad en el transporte, garantizada e incluso en la calidad de la comida y la ropa que visten.

Comparemos el centro A, un centro propio situado en el Barcelonés, y el centro B, un centro de gestión delegada situado en el Vallès Occidental. Ambos son mixtos y atienden a niños/as de entre 4 y 16 años

Centro propio
Centro concertado o de gestión delegada
 
-Se cubren las bajas con suplentes
 
 
-Servicio de limpieza formado por cuatro personas.
 
-2 chóferes, mañana y tarde
 
-Los traslados se realizan con un chófer y un/a educador/a acompañante
-Personal de cocina propio
 
-Se compra ropa nueva periódicamente.
 
 
-Se fomenta la realización de actividades extraescolares.
-Se realizan actividades de ocio y de carácter cultural en base a criterios de crecimiento personal del niño/a.
 
 
 
 
 
-La mayor parte de las bajas se cubren modificando el horario del resto del equipo.
-Servicio de limpieza: acude 3 veces al año. El resto del año, niños/as y educadores asumen esa función.
-Un chófer que asume también labores de mantenimiento.
-Los traslados se realizan con una sola persona y hasta 8 menores.
-Personal de cocina subcontratado formado por 3 personas.
-Un porcentaje significativo de la ropa que visten tiene su origen en donaciones (ropa de segunda mano).
-Las actividades extraescolares solo se realizan si están becadas.
-El ocio viene supeditado a la financiación de organismos externos, que no siempre actúan de forma desinteresada ni aséptica (por ejemplo Soñar Despiertos, que forma parte de la obra social de Los Legionarios de Cristo).
 

 

Estas diferencias se han acercado durante los últimos años, pero lamentablemente este hecho no es una cosa que podamos celebrar ya que ha sido como consecuencia de los “recortes” en los centros públicos, que han supuesto un empeoramiento en las condiciones de vida de los niños y niñas que viven en estos centros.

También hemos de decir que en los centros concertados y de gestión delegada los medios de que disponen dependen de las condiciones pactadas en la concesión de la gestión, y estas dependen del interés de la DGAIA en valorar el proyecto educativo por encima del económico. Hay diferencias apreciables a primera vista. No es lo mismo poder gastar x euros por niño y día en comida que poder disponer de un 20 o 25 por ciento más. No es lo mismo, especialmente con alumnos/as de ESO y Bachillerato o módulos profesionales, estudiar con profesores de apoyo con conocimientos específicos en cada materia, que hacerlo con diplomados/as en educación social. Tampoco lo es vestir ropa de primera mano o de segunda, ni ir a excursiones escolares a la nieve con la equipación adecuada o sin ella.

El hecho de que el servicio de cocina esté subcontratado plantea una nueva duda. La empresa gestora subcontrata para ahorrar, la subcontratante asume el servicio porque espera un margen de beneficio, el número de niños/as sigue siendo el mismo y el del personal de cocina también. Entonces, la suma de ese ahorro más ese beneficio solo pueden repercutir en la calidad (o la cantidad) de la comida.

La realización de actividades extraescolares o de ocio son esenciales para integrar al menor en su contexto social y proporcionarle una vida lo más normalizada posible. Por ello, cuando los menores tutelados no realizan actividades extraescolares o de carácter lúdico, porque las entidades que gestionan los Centros Concertados desean rebajar costes económicos, la DGAIA está permitiendo que se vulnere un principio fundamental de la Convención sobre los derechos del niño (resolución 44/25 de la ONU de 20 del noviembre de 1989), que en su art. 31 afirma que se “propiciarán oportunidades apropiadas, en condiciones de igualdad, de participar en la vida cultural, artística, recreativa y de esparcimiento”.

Algunos CRAEs propios por su ubicación no tienen fácil acceso con transporte público. Actualmente, a causa de los recortes, hay ocasiones en que los menores no pueden realizar actividades lúdicas en grupo o no pueden asistir a sus actividades extraescolares porque el chofer está de baja y no le han puesto un suplente ya que desde el departamento de personal, siguiendo la directriz de eficacia en el gasto, no lo consideran imprescindible. Eso sí, los que toman estas decisiones para el ahorro no se “solidarizan” con esos menores a quienes tutelan y siguen disponiendo de chofer para las ocasiones que crean oportunas (cobrando además sus correspondientes dietas en transporte).

Pero hay diferencias que, no por menos llamativas a simple vista son menos importantes. El Sìndic de Greuges (2013, 10 de gener) ya advirtió en su resolución  07839/2011, en referencia a la seguridad en el trasporte de menores tutelados, del riesgo que suponía la falta de acompañante en ese transporte señalaba además su constancia de la existencia de varios episodios donde se habían dado situaciones de riesgo incluso con el resultado de lesiones. El problema estriba en que en un centro propio existe un chófer y un/a educador/a acompañante que vela por la seguridad de esos/as niños/as, en cambio en uno concertado o de gestión delegada lo habitual es que el/la educador/a vaya solo sin acompañante (hasta con 8 menores, como reconoce DGAIA remitiéndose a lo dispuesto por el Servei Català de Trànsit para transporte familiar). Las características personales y las situaciones tan difíciles que viven esos/as niños/as les genera estados de alteración que pueden traducirse en brotes auto y heteroagresivos (pelearse con un/a compañero/a, intentar tirarse en marcha…). En este caso, la falta de medios pone en riesgo la propia integridad física de los menores.

El actual contexto de crisis ha agravado estas diferencias. Cada centro concertado tiene un montante anual asignado (módulos) que DGAIA paga para que ese centro (y los niños/as que en él viven) cubra todas sus necesidades. Ese dinero viene determinado por el acuerdo de gestión (concurso) de cada empresa con DGAIA tras un proceso público de selección. En los últimos años los criterios de selección han ido modificándose hasta quedar reducidos casi a uno solo: el económico. En la práctica, el concurso se ha convertido en una especie de subasta donde las empresas pujan por conseguir la concesión de gestión haciendo ofertas cada vez más a la baja a costa de la calidad de vida de los menores a quienes acogen. La propia patronal catalana (La Confederació Empresarial de l’Economia Social de Catalunya) en una declaración del 28 de enero de 2013 hablaba de “malas prácticas de las Administraciones en la contratación pública de estos servicios” y de baremos de puntuación donde “la valoración del proyecto técnico es muy inferior a la oferta económica”. En los acuerdos de gestión se asigna un “precio” por niño y día que, según hemos podido comprobar, fluctúa entre los 100 y los 125€ al día. ¿De dónde sale esa diferencia de un 25%? ¿Acaso los niños de unos centros tienen más necesidades que los de los otros? ¿comen más? ¿gastan más material escolar? Utilizar criterios esencialmente económicos para valorar la idoneidad de una empresa u otra es obsceno.

Además, esta situación tiene como efecto colateral que las entidades que gestionan Centros Concertados y que, sí son consecuentes con el planteamiento “sin ánimo de lucro” respetando el interés superior del/la menor y los derechos laborales de los profesionales que los atienden, están condenadas a la desaparición  al no poder competir con las que tienen como objetivo ganar dinero, viéndose en la tesitura de asumir un modelo de gestión lucrativo o ser desplazadas del sector. 

Desde el colectivo DASC criticamos que (el Govern de la Generalitat) tenga un sistema de protección de menores que actualmente prioriza sin escrúpulos el ahorro económico (según dicen sus dirigentes: “la eficacia del gasto”), y que está permitiendo que algunas entidades o fundaciones en teoría sin ánimo de lucro, a las cuales ha delegado la gestión de algunos CRAEs, sigan obteniendo beneficios económicos a costa de reducir gastos en la atención directa de los niños y niñas tutelados/as o de rebajar los derechos laborales de los/las profesionales que tienen que educarlos/las.  Estos recortes están provocando que en muchos CRAEs ya no se puedan ofrecer un servicio de calidad donde prime lo educativo y se limiten a ofrecer un servicio asistencial a los menores, dejando de lado su desarrollo integral.

Este empeoramiento de las condiciones laborales de los/las trabajadores/as afecta negativamente a los menores al dificultar una estabilidad en las plantillas necesaria para la realización de una labor educativa continuada en el tiempo. Las precarias condiciones laborales y los horarios difícilmente compatibles con la vida personal, hacen que los/las educadores/as cambien de trabajo con una frecuencia mayor de lo habitual en otras profesiones. Esto supone que un/a niño/a, a lo largo de su estancia en un CRAE, vea pasar a varios/as tutores/as, con el consiguiente sentimiento de abandono y el aumento de la dificultad de generar la vinculación afectiva necesaria tanto para su educación como  para su salud emocional.

La política de la DGAIA sobre ingresos en centros

Desde el DASC, también cuestionamos el cambio que se está llevando a cabo desde la DGAIA en los últimos meses, en relación al ingreso de menores en situación de desamparo en los Centros.

Ahora la política, por razones estrictamente económicas, sin pensar en el bienestar de los y las menores, es mantenerlos a toda costa en su entorno familiar, a pesar del riesgo que ello pueda suponer. Es muy probable que gran parte de esos menores acaben ingresando en CRAE’s o CREI’s dentro de 2 o 3 años en una situación física y emocional mucho más grave. Un dato revelador sobre esta nueva “política de no ingresos” con el objetivo de presionar y reducir así el coste de los módulos a las entidades gestoras de los CRAE’s (con el argumento de que ya no se necesitan tantas plazas), es que actualmente la mayoría de los CRAE’s concertados están por debajo del número de plazas de menores de las que disponen, cuando tan solo hace unos meses todos tenían lista de espera e incluso la mayoría estaban sobreocupados. En estos momentos de grave crisis económica, solamente alguien que viva ajeno a la realidad puede creer que los menores en situación de riesgo están menos desamparados que hace unos meses.

Así lo ha denunciado recientemente el Sìndic de Greuges, Rafael Ribó, expresando su temor a que la Generalitat esté dando “adopciones imprudentes para ahorrar en centros de acogida” (Mumbrú, 2013: 6 de febrer)

En conclusión:

Tenemos un sistema de protección de menores, dirigido por la DGAIA, totalmente mercantilista (números vs. personas) e insensible, que prioriza el interés superior del pago de una deuda ilegítima para la ciudadanía sobre el interés superior del niño.

Todo esto  se enmarca en un “cambio de modelo” de un Estado del Bienestar a un Estado inversor, de una concepción basada en la responsabilidad conjunta de la sociedad respecto a sus elementos más desprotegidos a otra basada en el asistencialismo, en el regreso a la caridad “calmante” que además es utilizada para la realización de grandes campañas de imagen y para la obtención de beneficios fiscales. Lo que es más grave, supone la actuación sobre la consecuencia del problema para mitigar esos efectos en lugar de sobre la causa para identificarla y transformar la realidad que le ha dado origen. De este modo ya no se pone el foco en los responsables de la situación sino en los que la padecen, que son reducidos al papel de víctimas cuando no al de responsables de su propia situación, a través de estigmatizaciones que dan a la sociedad cabezas de turco sobre quienes volcar su rabia.

Por todo lo expuesto anteriormente, desde el colectivo DASC pedimos que la DGAIA cumpla con su responsabilidad legal como tutora de estos menores y priorice “el interés superior del niño”, como bien justifican sus técnicos, cuando hacen una propuesta de retirada de la tutela a una familia. Para ello:

La primera medida que debe adoptar el Departament de Benestar i Familia y DGAIA es asumir la “Resolución del Síndic sobre los impagos de la Generalitat a los Centros Concertados de acogida de niños”. En esta resolución queda argumentado que la propia Administración Pública está vulnerando la legislación de la Infancia en Catalunya (Ley 14/2010) y no está asumiendo sus responsabilidades de velar por el interés superior del niño que en estos casos además están en situación de desamparo. Esta ley establece que “los poderes públicos deben dar prioridad en sus presupuestos a la protección de los niños y tienen que adoptar con carácter urgente las medidas necesarias para evitar que el contenido esencial de los derechos de los niños y los adolescentes resulte afectado por la falta de recursos adaptados a sus necesidades” (Síndic de Greuges, s.f.).

Una vez cumpla con el pago del mes de julio que aún tiene pendiente de abonar a las entidades concertadas, ha de pasar a ejercer un control sobre éstas para comprobar el gasto real que invierten en la atención directa a los menores (alimentación, ropa, actividades extraescolares y de ocio, suministros, etc.). Paralelamente ha de instaurarse un sistema de gestión transparente sobre ese dinero que la administración les paga, para dejar constancia de que la mayor parte del cobro que reciben no se desvía a otras partidas.

La DGAIA (como responsable directo de la tutela de estos menores) ha de dejar de mirar números y calcular costes y mirar de verdad a las personas y a sus historias de vida, y ha de tener en cuenta que estos menores no son los responsables ni tienen culpa de estar tutelados/as por una administración pública que, por razones económicas, vulnera su derecho a una segunda oportunidad y provoca que sean menores doblemente desamparados.

Además, consideramos que si la DGAIA sigue olvidándose de los menores bajo su responsabilidad y priorizando el ahorro económico, aplica una doble moral y volveremos al sistema de grandes instituciones u orfanatos, gestionados o bien por empresas mercantiles con personal educativo en su mayoría voluntario o en pésimas condiciones laborales o por entidades religiosas que impondrán su ideología y valores doctrinales. Así, a estos menores doblemente desamparados, por su familia biológica y la administración, solo se les ofrecería caridad y una atención asistencial carente de todo proyecto educativo y lo que es más grave, de futuro.

 
En Barcelona a 1 de marzo de 2013

DASC

Defensem l’Acció Social i Comunitária (DASC) es un espacio de debate, de reflexión y de defensa Del sector social: de sus trabajadores y trabajadoras, de los Estudiantes, Del voluntariado y de sus usuarios y beneficiarios. Nuestro objetivo es reivindicar y luchar por toda la faena hecha y toda La que es necesaria hacer para evitar la exclusión social, la injusticia, La acumulación de poder y la pobreza. http://defensemacciocomunitaria.wordpress.com/

Referencies.

Assemblea General de les Nacions Unides. (1989, 20 de novembre). Resolució 44/25, Convenció sobre els drets del nen. En: http://www2.ohchr.org/spanish/law/crc.htm . Data descàrrega web: 25-02-2013.

Confederació Empresarial de l’Economia Social de Catalunya. (2013, 28 de gener). L'eficàcia dels serveis d'atenció a les persones està en risc per la proliferació de males pràctiques de les administracions en la contractació pública. En: http://www.laconfederacio.org/enews.php?var=136 . Data descàrrega web: 25-02-2013.

Departament de Benestar Social i Família-Generalitat de Catalunya. (s.f.). Servei de Centre Residencial d'Acció Educativa (CRAE), Prestacions de la Xarxa de Serveis Socials d'Atenció Pública, Cartera de Serveis Socials. En: https://bsf.gencat.cat/ccs/prestacio.do?Prestacio=1374 . Data descàrrega web: 25-02-2013.

Mumbrú, J. (2013, 6 de febrer). El Síndic tem que la Generalitat estigui donant més nens en acollida per estalviar-se els diners dels centres. El Diario.es. En: http://www.eldiario.es/catalunya/Sindic-Generalitat-imprudents-estalviar-se-dacolliment_0_98340665.html . Data descàrrega web: 25-02-2013.

Síndic de Greuges. (2013, 10 de gener). Resolució 07839/2011, Disconformitat amb la manca d'acompanyant en el transport d'infants que es troben sota la tutela de la Direcció General d'Atenció a la Infància i a l'Adolescència i estan ingressats en centres de gestió delegada. En: http://www.sindic.cat/resolucions/Root2012/html/R_0783911.htm . Data descàrrega web: 25-02-2013.

Síndic de Greuges. (s.f.). Resolució sobre els impagaments de la Generalitat als centres concertats d’acolliment de nens/es.  A: http://www.sindic.cat/site/unitFiles/3338/RESOLUCION_IMPAGOS_INFANCIA_CAST.pdf . Data descàrrega web: 25-02-2013.
 
 

 

miércoles, 6 de febrero de 2013

¿Qué lleva a que un menor se implique en actividades delictivas?


Son muchos los factores que llevan a un menor a delinquir o infringir la ley. Cada menor de forma individual, cuenta tanto con factores de riesgo como con otros factores llamados de protección.
Un factor de riesgo es el que aumenta la probabilidad de que un menor desarrolle un trastorno emocional o de conducta en comparación con los niños de la población general.

 
Los factores de protección son circunstancias que se dan en el ambiente del menor y en su propia naturaleza, como la confianza en uno mismo, buenas habilidades sociales, cohesión familiar, identificación con un modelo adulto prosocial y una buena red de fuentes informales de apoyo social a través de amigos, familia, vecinos y profesores. Los factores de protección proporcionan una “resistencia” ante los factores de riesgo, fomentando patrones de conducta adaptados y competentes (Rutter, 1990).
 
Entre los factores de riesgo existen causas biológicas ambientales, como la vulnerabilidad a desarrollar una psicosis. El criminólogo italiano Lombroso señaló, en el siglo XIX, que la criminalidad se transmitía genéticamente, y que los delincuentes podían ser reconocidos por ciertos aspectos físicos, como unas orejas prominentes o una frente sobresaliendo de los ojos. En la actualidad, se ha señalado con rigor la influencia de variables genéticas y biológicas en la conducta delictiva (es necesario recordar que una “causa” biológica no ha de tener origen genético; una lesión cerebral es algo biológico, pero su origen puede ser un accidente de tráfico, por ejemplo).
 
Otro ejemplo de causa biológica de origen ambiental son las dificultades perinatales. Un estudio de Brenann, Mednick y Kandel halló que el 80% de los delincuentes reincidentes violentos en su muestra de estudio tenía diversas complicaciones en el momento de dar a la luz sus madres, ocasionando daños en la cabeza y alterando así la funcionalidad del cerebro.
 
Se han señalado otros factores de riesgo individual biológicos como una baja tasa cardíaca, que viene a representar una dificultad en el niño para condicionar las respuestas de miedo y ansiedad frente al castigo, lo que dificultaría su socialización.
 
Otro factor de riesgo importante es el síndrome de trastorno de la atención con hiperactividad (TDAH), especialmente si se combina con el diagnóstico de trastorno de conducta o trastorno disocial. El TDAH se vincularía con la delincuencia porque estorba el aprendizaje en la escuela y el seguimiento de las normas, dado que estos niños presentan serias limitaciones a la hora de atender a las instrucciones y de poder reflexionar antes de actuar. Por su parte, el trastorno disocial enfatiza una violación frecuente de las normas sociales y los derechos de los demás, con el resultado de que el menor así diagnosticado presenta frecuentes conductas agresivas, robos y actos de vandalismo, conjuntamente con una personalidad basada en la toma voluntaria de riesgos y en la impulsividad.
 
La inteligencia, de cuya base genética (al menos en el 50% de su variabilidad) nadie duda, es otra variable tradicionalmente relacionada con la delincuencia. La moderna investigación señala que esa relación no es directa, sino mediada por otras dos variables: el fracaso en la escuela y la asociación con compañeros antisociales.
 
La delincuencia, y en particular la de tipo violento, también se relaciona mucho más con el sexo masculino. Las diferencias en agresión física son aparentes desde una edad muy temprana; las niñas son agresivas de modo más indirecto y emocional, mientras que los niños recurren mucho más a la violencia física.
 
Por otra parte la familia presenta de un modo directo según estilo de vida y educativo, un importante factor en el desarrollo o no de conductas delictivas. Las variables familiares más relevantes en su correlación con la delincuencia de los hijos son las siguientes: prácticas de disciplina basadas en el castigo, deficiente supervisión del niño dentro y fuera del hogar, mala calidad del vínculo afectivo y la presencia de criminalidad en los padres.
 
Y por supuesto no hay que olvidar los factores sociales de los que todos en pequeña o gran medida somos responsables. Las políticas actuales son un buen  ejemplo de ello. Los factores sociales más importantes son la exposición a la violencia en la comunidad; actitudes facilitadoras de la violencia en compañeros de edad y pandillas; prejuicio y discriminación; pobreza y desigualdad económica; acceso a armas y presentación positiva de la violencia en los medios de comunicación social. Aquellos jóvenes que crecen en un ambiente donde el estatus se logra siendo violento, y donde hay pocas esperanzas de sobresalir mediante el esfuerzo y las oportunidades legítimas, tendrán más dificultades para desarrollar un autoconcepto donde quede excluido el crimen y el abuso de drogas. Esto todavía puede ser peor para aquellos que deben de soportar prejuicios y discriminación derivados de su pertenencia a minorías étnicas.
 
Y por último las drogas y el alcohol. Estas sustancias en edades tempranas son un factor poderoso en la facilitación de las carreras delictivas. En investigaciones se revela la profunda conexión existente entre la violencia interpersonal y el consumo de alcohol, así como el tráfico y consumo de drogas y la delincuencia contra la propiedad (para sostener el hábito) y también los delitos violentos (para proteger la red de tráfico ilegal), si bien en los jóvenes menores de 18 años esto último no es tan grave como entre los adultos.
 
Fuente: Alguna información ha sido extraída de la documentación del curso realizado “Nuevas perspectivas de intervención con menores infractores” Ministerio de Educación.

sábado, 21 de enero de 2012

Perfil de un Menor que cumple condena

El despertador de acero en la gruesa puerta que me anuncia un nuevo día, un día menos... Un despertador que me abre el pecho para sentir un aliento de libertad, una respiración más profunda que la anterior, que me relaja. Después de respirar escucho la voz que dice mi nombre, una mano que me acaricia, que me anima a no estar sólo. Sin embargo cada día es diferente. Unas veces no escucho el despertador y la voz que me susurra o que me nombra, no es la misma.

Estoy en este centro de menores desde hace seis meses, y cada día ha sido diferente, aunque sigamos una austera rutina. Con un horario estricto y bastantes normas que debemos cumplir para poder disfrutar de unos privilegíos y completar nuestra medida con un buen expediente. Es la primera vez que estoy en un centro de menores por haber cometido un delito y ser menor de edad. Tengo compañeros que han estado en otros centros, por tener medidas más largas o bien por haber tedido dictadas más medidas por un juez de menores, y se han visto volcados a repetir esta experiencia. También hay algunos educadores que han trabajado en otros centros, y otros, que al igual que yo, es su primera vez.


Mi primer día en el centro, el primer educador que me atendió veía en mi rostro la tristeza y la desolación, y me intentaba transmitir apoyo y no castigo. Eso me tranquilizó. Antes de ese primer contacto mi cabeza no dejaba de pensar en escenas horribles de castigo, pero al poco tiempo me di cuenta que no. Aunque a veces me he sentido agobiado por las normas y por todas las cosas que tenía que hacer: limpiar, estudiar, correr, escribir, pintar, dibujar, ver películas aburridas, y trabajar en definitiva en cosas que no te gustan, al menos no todas. Se trabaja mucho en un centro de menores. Pero también hay un espacio de ocio para ver la tele, escuchar música, jugar a la play, al ping-pong, y hacer deporte (eso hay a quien no le gusta, pero esta actividad es obligatoria). Por lo tanto no me fue dificil adaptarme al centro, aunque se echa mucho de menos estar en la calle, a veces tanto para algunos, que les cuesta mucho adaptarse y cumplir el programa, sobre todo chicos de mi edad que han tenido algún trauma importante en sus vidas o presentan alguna psicopatía. En mi caso no fue así. Pero yo soy sólo un caso y aquí cada menor es un caso diferente. Por favor, no nos mestáis a todos en el mismo saco. Muchas gracias!!





martes, 21 de septiembre de 2010

Centro de Menores (justica juvenil)

Este tipo de centros aplica las medidas y órdenes dictadas por los juzgados de menores y otras jurisdiciones penales respecto a jóvenes y adolescentes sujetos a medidas judiciales por la comisión de un hecho delictivo. La ley establece como función primordial, en el cumplimiento de las medidas judiciales, la educación de los menores y jóvenes. La reeducación de los menores inadaptados y delincuentes fue uno de los primeros ámbitos donde se contempló la figura del educador social.

Los educadores y educadoras sociales tienen un papel importante en este enfoque, pero al compaginar las vertientes educativa y punitiva o de sanción, la tarea no es nada fácil, además de las conductas violentas que manifiestan algunos jóvenes obligan a intervenciones inmediatas que favorecen una priorización del elemento de la contención por encima del educativo.