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lunes, 15 de julio de 2013

Videojuegos, estereotipos y educación.

Los videojuegos son juegos y algo más, pero sobre todo un videojuego es un juego. El mundo del videojuego es poco conocido, y como todo lo que se conoce poco, alimenta una serie de estereotipos en la sociedad.



Entorno al concepto de los videojuegos se han creado tres estereotipos. El primero es que los videojuegos son una pérdida de tiempo y que además son violentos. Es verdad que hay videojuegos donde está presente la violencia, al igual que lo está en nuestra sociedad. Hay también cine donde se observan conductas violentas. Familias más o menos violentas. Países en guerra y reyes que se van a cazar elefantes. Como ocurre con todo, depende de la utilidad y uso que le damos a las cosas. En los videojuegos violentos, que no todos lo son, ocurre lo mismo. De hecho hay opiniones que dicen lo contrario y que justifican que el uso de videojuegos violentos reduce la agresividad en los usuarios. Tanto el estereotipo negativo como éste último, cabría justificarlos con mayor precisión, y mirar no sólo al videojuego, sino al usuario y a los educadores o familias de usuarios.


El segundo estereotipo se da sobre la elección difícil que presentan los videojuegos. Es cierto que es difícil elegir con qué videojuego jugar, qué videojuegos son verdaderamente buenos, pero también es importante saber seleccionarlos para tener experiencias gratificantes. Para saber qué juegos elegir hay disponibles muchos recursos en la red: críticas, videos, guías del juego… Para uso educativo se están investigando diferentes videojuegos sociales para una posible introducción en las aulas. De hecho esto es el futuro.
El tercer estereotipo parte de la idea de que los videojuegos son demasiado absorbentes. Es cierto que lo son, por su carácter apasionante. También  son apasionantes la ciencia, el cine, la literatura. Jugar a videojuegos está unido a sentimientos de bienestar, control, y otras emociones positivas. Jugar es una actividad agradable y reforzante en sí. Además, los videojuegos emplean un sistema de refuerzos similar a la pedagogía conductista, con refuerzos positivos y castigos, que lo hace más motivador, de ahí su fuerza educativa. Pero esta fuerza motivadora que tiene que ver con el sistema de gratificación que utilizan los videojuegos, en algunas personas (no en todas) se da el fenómeno de la adicción a los videojuegos en redes sociales. Cabe destacar que como en todas las actividades hay un potencial negativo y positivo, “potencial” ya que depende del jugador, que expande el juego e interpreta los mensajes que le da. Entonces se habla de abuso, adicción o conducta compulsiva, cuando el uso adquiere un perfil de dependencia psicológica o biológica, que te impide llevar otras actividades con normalidad. El jugador le da un mal uso o no es un juego adecuado a sus características personales. Un fenómeno en el que todavía no se han puesto de acuerdo los profesionales de salud ni la OMS, en declarar si se trata de un trastorno, una conducta adictiva o compulsiva. Los psiquiatras tampoco se aclaran entre ellos. Lo que parece quedar claro es que los videojuegos no son los causantes de estas conductas de abuso, sino más bien la actitud, educación y valores del jugador. Quién lo usa y cómo lo usa.
Los videojuegos, en contra de lo que se quiere trasmitir de modo negativo, son sobre todo un gran recurso educativo y formativo, por su fuerza de motivación y por las competencias y habilidades que se pueden generar con su uso, y el de poder interactuar con otras personas. Por lo tanto el videojuego es un juego que ofrece la posibilidad de interactuar, aprender, desarrollar habilidades y generar destrezas. Permiten educar de una manera fácil. Por esta razón se están estudiando e investigando por parte de varias personas vinculadas a la pedagogía, sociología, psicología, como también por académicos y diseñadores profesionales. Sobre estos estudios ya hay algún camino hecho que justifica el poder educativo y de transformación social que nos pueden ofrecer los videojuegos, por lo que es muy aconsejable que entraran a formar parte de los recursos educativos de las aulas, de las universidades y de cualquier otro contexto formativo o educativo.

 Bibliografía:

lunes, 4 de julio de 2011

La Educación del Ocio

El tiempo libre ha crecido significativamente desde finales del siglo XX, al reducirse las jornadas laborales y con la llegada del Estado del Bienestar. Ese tiempo libre es importante aprovecharlo de manera que nos aporte un mayor desarrollo como persona y como ciudadano que convive con otros. Todo ello repercutirá positivamente en la sociedad en la que vivimos. Por ello se ha comprobado que la educación del ocio tiene un enorme potencial para llevar a cabo la educación para la vida. Así mismo, el ocio representa el primer lugar en nuestra escala de valores y es parte esencial de los nuevos estilos de vida.

El disfrute democrático del ocio es una conquista social del siglo XX, la necesidad de vivir un ocio de calidad y un reto para todos en este siglo XXI. Ocupa un papel dominante en los nuevos modos de vida de los países desarrollados, sobre todo en la clase media y alta. La presencia del ocio se ha hecho un hueco en la vida cotidiana: pasear, leer, viajar, ir al cine... Pero el desarrollo progresivo de la educación universal (escuela) se ha orientado hacia la educación de las habilidades de producción, olvidándose una vez más del disfrute de la vida. 

Tenemos más tiempo libre y hay que transformarlo en tiempo de ocio, y  no es una tarea que se realice automáticamente. Las nuevas posibilidades de diversión abren nuevos cauces de diversión y también, nuevos focos de alienación. Por lo tanto, la educación del ocio, la realización del ocio, necesita un tiempo para la reflexión, por parte de todos y todas.

La educación del ocio tiene como objetivo contribuir al desarrollo, mejora y satisfacción vital de las personas y las comunidades, a través de conocimientos, actitudes y valores, y habilidades relacionadas con el ocio. El ocio es un ámbito del desarrollo humano y por lo tanto es una necesidad. Este ocio ha de ser vivido de forma satisfactoria. Es la reivindicación de la persona, de su libertad responsable. Es la defensa de lo satisfactorio, por encima de lo útil.

Los valores de fondo de la experiencia del ocio tienen relación directa con la libertad, la autonomía, la autorrealización. La educación del ocio intenta capacitar a las personas para mejorar sus vidas al facilitarles la autorrealización, permitir ejercitar el derecho al ocio y poder así aumentar su calidad de vida. La persona educada en ocio se ve capaz para ser feliz en sus experiencias de ocio, y siente que éstas dependen de ella misma.

Partiendo de estrategias educativas relativas al desarrollo de valores, actitudes y destrezas de ocio, que buscan mejorar la calidad de vida de las personas, como un proceso abierto, y que no se dirige sólo a la infancia, sino que afecta a todas las edades.

El ocio, el disfrute del tiempo libre es además un derecho. Un derecho que forma parte de los Derechos Humanos, reconocido en la Declaración Universal de 1948. Es un derecho porque nos socializa y nos abre nuevos caminos de integración y de respeto.

Por lo tanto, ahora que se acercan las vacaciones, y con ella un mayor incremento del tiempo libre, es importante saber disfrutarlo con los recursos que dispongamos. Hay que disfrutar. Aprendamos a disfrutar de nuestro tiempo libre, libremente.