lunes, 18 de abril de 2011

El aprendizaje a lo largo de toda la vida

El aprendizaje se entiende en términos de modificación de la estructura y funcionamiento neuronal con consecuencias sobre la actividad adaptativa de individuo en el medio físico y social en el que vive (Koizumi 2005).

Estas modificaciones en la estructura y funcionamiento neuronal, viene dada por las posibilidades de cambios anatómicos y fisológicos en el cerebro, lo que se llama "plasticidad neuronal". El cerebro conserva su plasticidad a lo largo de toda la vida, permitiendo el aprendizaje en todo el ciclo. Pero en cada etapa de nuestra vida, el aprendizaje se produce de forma diferente.

Para el estudio del aprendizaje a lo largo de toda la vida, se ha dividido el ciclo vital en tres: infancia, adolescencia y por último, adultez. Pero hay que tener en cuenta que la educación y el aprendizaje comienzan en el útero, y que éstos serán la base neuronal para posteriores aprendizajes, junto con la información genética.

Al nacer contamos con una base de aprendizajes, que se irán modificando según nuestras experiencias. El aprendizaje en la infancia se caracteriza por una elevada plasticidad en determinadas zonas cerebrales. El desarrollo del control motor, el desarrollo del lenguaje (regiones frontales del hemisferio izquierdo), la modulación de emociones, los procesos de atención y percepción (parte posterior lateral del hemisferio derecho), y el desarrollo social, tendrán especial relevancia durante los dos primeros años de vida. Los factores de riesgo más significativos asociados con el deterioro del desarrollo infantil tienen que ver con la falta de relación afectiva y de cuidado personal individualizado. Así que, amor y atención, son la base para un buen desarrollo infantil para aprendizajes armónicos y saludables, así como facilitar un entorno capaz de proporcionar múltiples y variadas experiencias.

En el periodo adolescente el cerebro sigue desarrollándose, siendo un periodo especialmente importante. Es el caso de el cerebelo, la glándula pineal, el nucleo estriado ventral y del córtex prefrontal. La promoción del aprendizaje en estas edades se ha de centrar en el desarrollo de las funciones cognitivas de alto nivel, el desarrollo del autocontrol y de autonomía, en la previsión y organización de conductas dirigidas a metas, y a la formación de la identidad individual. Las interacciones sociales, las redes de amigos y los modelos de adultos son los ingredientes que favorecen el adecuado aprendizaje a estas edades, para la formación de la identidad y las capacidades sociales y emocionales.

Y por último, el aprendizaje en la adultez, donde se sigue completando el desarrollo del córtex prefrontal y el cerebelo desde los 20 hasta los 40 años. De los 20 hasta los 40 años es la edad de mayor eficiencia cognitiva. La mayoría de los descubrimientos ciéntificos y éxitos profesionales, han tenido lugar en individuos de esta franja de edad. A partir de los 40 comienza a declinar la eficiencia cognitiva, pero se compensa con otras capacidades: hay una mayor coparticipación de ambos hemisferios cerebrales y se mejora la capacidad de resolución creativa de problemas. En esta edad lo que no se usa se pierde, por lo que es importante tener activo el cerebro y seguir formándose, así como exponerse a diversas experiencias enriquecedoras.

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